"Pequeñas desgracias cotidianas" de Valentina Yaress.

PEQUEÑAS DESGRACIAS COTIDIANAS


El otro par

Devastado quedó cuando comprendió que nunca saldría del estrecho lugar entre la máquina y la pared. Lloró por el hecho de pensar que su gemelo sería desechado en su ausencia o abandonado en la cesta para siempre. Sabía que el reemplazo era algo inevitable y que no serían eternamente el soporte del ser que un día los eligió entre la multitud, pero no esperaba que fuera aquél sábado de lavado. 

Tres osos desaparecen repentinamente

Los osos no aparecían y la sospechosa imploraba clemencia. Una ventana rota y las huellas de la joven estaban por toda la casa: en los tazones, en las sillas y en las camas de los sujetos. Luego de horas de interrogatorio y mucha presión por parte de los oficiales,  la muchacha admite estar involucrada en la desaparición de los osos pero no ser la mente criminal detrás del caso. 
Actualmente la acusada sigue tras las rejas y no ha revelado el paradero de los osos.

Silencio en el recital

Daniela no sabía qué hacer. Sus padres siempre la obligaban a hacer cosas a las que no podía negarse, por ejemplo: ir a ese recital en el pueblo. Ni siquiera podía ver quién estaba tocando en el escenario así que optó por pedir permiso para poder pasar entre la multitud, lo cual parecía haber paralizado a cada persona del público e incluso a sus padres. Todos la veían desconcertados pues no todos los días una muda hablaba.

Intitulado 

Recorre la ciudad sumida en una niebla colectiva ¿Quién diría que quemar conllevaría tanto placer? ¿El placer conlleva la perdición? Quiso pensar en ello pero el fuego lo había consumido y los perros olían la curiosidad y el miedo.

Return

Abre las puertas con el chillido que tanto las caracteriza. Avanza entre nombres de almas perdidas en el tiempo. Encuentra el suyo y se vuelve a acostar.

El Primer proyectil desde la Plaza

Piedra, papel y tijera. Victoria. Se encontraba al lado de la ventana del colectivo. Su mejor amigo estaba a su lado armando un avión de papel. No pudo despegar la mirada de aquellos plegamientos precisos e hipnotizantes.
Afuera la gente en la calle no podía despegar la vista de aquél avión que unos instantes más tarde dejaría caer una bomba sobre la cabeza de los infantes dentro del transporte.

Para la dueña de mi corazón

Días atrás, las mejillas de una joven se tiñeron de rojo cuando su enamorado le prometió que le daría su corazón. 
Días después el correo llegó y ella se emocionó porque su enamorado le había enviado un paquete. Horrorizada gritó cuando descubrió que en el interior se encontraba un corazón todavía salpicado en rojo.

Leve caso de Paramnesia

Yacía en mi cama durmiendo cuando mi padre entró de repente a la habitación con la mirada vacía, algo se había roto dentro de su ser. Sus ojos se inundaron cuando me dijo que mi hermano había sido atropellado. Algo se rompió dentro de mí también. 
Yacía en mi cama durmiendo cuando mi padre entró a mi habitación. Ambos lloramos sin que él haya dicho ninguna palabra.

El último pastel de María


Se encontraba comiendo una de las tantas delicias que colmaban la mesa cuando de repente uno de sus siervos la detiene en el acto. 
Lo mira intrigada y él procede a comentarle la situación: afuera abundaba un inmenso grupo de gente que enojado estaba y que por harina protestaba. 
Volvió a dirigir la mirada hacia su plato. Acompañado de un gesto de mano que lo invitaba a retirarse de la habitación, le sugirió que comieran pastel y eso era exactamente lo que ella hizo.
Disfrutó la sensación del delicioso Brioche bajando por su garganta sin saber que dentro de poco una cuchilla que cargaría con la leyenda de justicia social, le atravesaría la misma.

En el horno estaba

Había desobedecido a su madre. No sabía dónde esconder los pedazos de porcelana o a quién culpar. Sintió un calor sofocante que le cocinaba la piel. Se acercó hacia la puerta del horno para darse cuenta que no podría salir del mismo. Su madre se enteraría tarde o temprano y sería su fin.
Se rindió y esperó entre las llamas la llamarada que traería su progenitora.

Fuera de sí

La sangre lo cubre de pies a cabeza y no entiende por qué lo están arrestando. Quizás habrán visto la sangre.

Prófugo

1952. Acampar lo relajaba. Despejaba de su mente de incontables preocupaciones del día a día. Dos días a la intemperie y volver. 
Yacía su cuerpo desnudo entre matorrales cuando sintió su peso pero no dolor.
Se dirige hacia las luces que le darían respuestas. Era él pero no era el mismo lugar. 2591.

Anestesia local

La anestesia pasa por su garganta con facilidad. Sería mejor que pensar. Pensar en ella. Ella se fue. 
Ignorar a su cabeza era el plan. 
Se le eriza el vello de la nuca porque la ve y no quiere verla.
¿Habría sido demasiada dosis? Tampoco quiere pensar en eso.

Valentina Yaress 14-10-19

Comentarios

  1. Buen trabajo. Chispas de ingenio y creatividad, aunque solo aparecen en algunos de los textos. No siempre funciona el recurso o el giro elegido para sorprender al lector. A veces, la intencionalidad de la historia a recuperar no es clara y los títulos no ayudan.

    Rever rimas internas, inadecuadas en una narración, algunas repeticiones innecesarias.
    NOTA: 7+

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