Pedazos acortados de mis pensamientos de Claribel Flores García
Sobre la planicie
Y cuál pequeño monstruo alado se separó y echó a correr para emprender su viaje. Uno, dos, tres su débil cola se desprendió de la rama y como todas en su familia cayó como bailando en el viento, pero jamás tocó la tierra.
En la dulce espera
Lo sabíamos, todo el pueblo sabía el secreto para sacar la espada. Lo único que hacíamos era esperar el inevitable final que ya estaba contado. Por eso nadie caminaba, nadie reía, nadie lloraba, nuestro cuento estaba detenido en la página 35. Éramos el pueblo al que nadie salvo, la reina que nadie mató y la espada que nunca se tocó. Quizás Arturo no debía llegar.
Alemania 22:00hs 9/11/1991
La ciudad permanecía callada como en un silencio atroz. Los diarios iban a salir esa misma tarde y los noticieros anunciarían la novedad del momento, solo que no pasó, nadie lo sabía, el mundo oculto las historias. Y aquel suceso trascendental se desintegró en el tiempo, aquel costal de ladrillos seguiría estando allí por siempre.
En un mundo donde...
Finalmente lo hizo, caminó hacia el tacho de basura y depositó la bolsa negra. La amaba y por eso se arrepentía. La odiaba y por eso la mató.
Otra historia más
Aquella mañana la dejaron sola, ella empacó sus cosas, o al menos las pocas que tenía. Pero tres golpes secos la interrumpieron, de inmediato abrió la puerta. Aquel apuesto caballero que vendía manzanas le ofreció una, ella cayó rendida a sus pies. ¿Así era aquella historia?
16 de Junio
La sangre, su cuerpo, miles de cuerpos, destrucción y caos. Hace ya dos horas que los aviones habían parado. La plaza favorita de las protestas murió por los próximos treinta años.
Cómo descongelar pollo
Éramos solo nosotros tres, pero él y yo lo teníamos todo planeado, y mientras Lilith cocinaba, Garret agarró el cuchillo y la apuñaló por detrás. Entonces él me preguntó “¿Donde la enterramos?” y yo respondi “Primero lo primero ¿Tu sabes descongelar pollo? Por qué ella se olvido”.
Caminantes
Caminaba por las calles de la pequeña ciudad del oeste cuando un grito ensordecedor llamó su atención, se escuchaba lejano. Siguió caminando dos cuadras. De repente una aterradora presencia ennegrecida, quizá por el humo, apareció frente a ella y marcó una cruz roja en su frente, lanzó un grito ensordecedor buscando la atención de la chica que caminaba dos cuadras delante de ella.
El legado de Dios
Ardía en llamas, supongo que a nadie le importaba, para ellos era solo un poco más de carne magra ahora cocida. Solo un par de ojos azules destilaban gotas perladas que reflejaban el gris del cielo. Así después de todo simplemente quedaron cenizas que serían desde luego el mítico recuerdo que Francia y la iglesia tendrían sobre su doncella de Orleans.
Las manos en el fuego…
Se veía que no lo disfrutaba, pero… a pesar de todo el sufrimiento que destilaba su alma aún así seguía haciéndolo. Quizá por pena o quizá porque ya nada le alcanzaba. Él solo veía las veía arder como si sus manos ya no sirvieran, porque ya lo había entregado todo pero para nadie era suficiente. Ya no le importaban las heridas en carne viva, él solo buscaba un alma por quien hacerlo, un alma donde reflejarse.
Por dos
Lo detestaba, lo odiaba ¿ Entonces se odiaba a sí mismo? No, no era el mismo, sólo era su cuerpo. Pero que suerte ya no tendría que salir sólo algunos días, ya no tendría que dar explicaciones sobre algo que no había dicho o hecho. Solo debía buscar la bolsa negra.
Confusión
Busqué mis herramientas, la pinza se me calló muy cerca del pie, pero la recogí y seguí caminando hacía la mesa de lata. Siempre sujetabamos los cuerpos porque aveces algún mal movimiento y toda mí práctica se iría al demonio. Sin perder más tiempo empecé. Estaba nervioso era mí primera vez.
Castigo
La cinta amarilla teñida en rojo se reflejó en sus ojos, ella lo sabía, lo supo cuando la llamó la primera vez y le dijo la respuesta a aquél acertijo para liberarlo. Lo supo porque él, su asesino personal, sabía que ella se obsesionaría con aquel extraño misterio.
Confusión
Busqué mis herramientas, la pinza se me calló muy cerca del pie, pero la recogí y seguí caminando hacía la mesa de lata. Siempre sujetabamos los cuerpos porque aveces algún mal movimiento y toda mí práctica se iría al demonio. Sin perder más tiempo empecé. Estaba nervioso era mí primera vez.
Castigo
La cinta amarilla teñida en rojo se reflejó en sus ojos, ella lo sabía, lo supo cuando la llamó la primera vez y le dijo la respuesta a aquél acertijo para liberarlo. Lo supo porque él, su asesino personal, sabía que ella se obsesionaría con aquel extraño misterio.


Muy buen trabajo: lográs captar los mecanismos del microrrelato en la mayoría de los textos; los que menos funcionan son aquellos en que cuesta reponer la histoia sugerida, como "Castigo" o "Caminantes". En algunos, la expresión está algo trabada: rever puntuación y construcción de algunas oraciones.
ResponderBorrarNOTA: 8