Biografía lectora de Jennifer Huerto
RELATOS DE UNA LECTORA ENTUSIASTA
Unos de mis
primeros recuerdos con relación a los libros es de mi en la biblioteca de mi colegio
primario mientras la bibliotecaria me hacía elegir un libro para leer en su
casa, de los cuales elegí uno del que no recuerdo más que varios cuentos
relacionados con gansos dentro del mismo. Aunque, lo que realmente sucedió con
este libro para todavía no pueda olvidarlo no se basa en el contenido de este (porque
no lo recuerdo), sino en lo que le pasó a este, y esto se basó que uno de mis hermanos
menores dibujó en el libro prestado por la biblioteca del colegio.
En diferencia de este, el primer libro que si
recuerdo haber leído del comienzo al final y todavía acordarme de la trama se
llama “el secreto de la ventana” y es de Norma Huidobro, mi autora preferida de
la infancia debido a que además de este leí otros de sus libros relacionados
con el misterio y el género policial. De ese entonces al presente considero que
mis géneros literarios favoritos no han variado (el policial y de suspenso),
sin contar el hecho de que los últimos libros que leí fueron biográficos y
atrajeron demasiado mi atención. Pero lo que si noto que ha cambiado de mi
niñez hasta el momento es la ausencia de un autor favorito, esto lo relaciono al
hecho de que muy pocas veces volví a leer alguna otra escritura del mismo
autor. Es debido a esto que en mi biblioteca solo hay libros de diferentes autores,
excepto por los libros biográficos que pertenecen a la misma editorial. Para
ser honesta, debo admitir que la mayoría de los libros en mi estantería que he
leído le pertenecen a mi hermana, (los cuales fue obteniendo de a poco hasta
llegar a tener los suficientes para llenar una pizarra) y dado a que encontré
algunos que fueron de mi interés hice de su biblioteca parte mía, aunque tengo
que aclarar que el género de sus libros no son como los que había antes
mencionado sino otro de los cuales no sabría cómo clasificar, pero aun así me
atrevo a decir que son uno de mis preferidos.
Por este mismo motivo además de no poder
prestarlos sin antes consultarle a ella también, me veo obligada a tratarlos lo
mejor posible, es decir no subrayarlos, marcarlos ni doblar sus páginas como
separador( que es lo que suelo hacer con libros míos). Sin embargo, hay algo
que se me hace inevitable hacer con cualquier libro es leerlo en cualquier
parte pero menos en mi casa, al menos que este me tenga demasiado atrapada.
Esta extraña costumbre la tengo desde hace tiempo y es debido a que descubrí
que leyendo en lugares como transportes públicos, salas de espera o plazas no
solo mi atención se centra únicamente en el libro, sino que yo misma disfruto
más al leer en esos escenarios.
Considero que una de mis mayores frustraciones
como lectora fue al principio de este año cuando estaba por irme de vacaciones
y llevé un libro para leerlo en el viaje o una vez llegada ahí, pero lo que
terminó pasando fue que empecé a leerlo en los últimos días del viaje y todo
indicaba que lo terminaría como muy tardar en el viaje de vuelta pero las cosas
no fueron así, ya que han pasado como dos meses y todavía no lo terminé faltándome
solo un capítulo. En primer lugar, pienso que se debió a que al interesarme demasiado
el libro aunque sabía como terminaba no me animé a seguir leyéndolo porque no
quería terminarlo. Pero este no fue el único libro que no terminé de leerlo, dado
a que existe un libro que hasta la fecha no terminé de leerlo y esto no
significa que lo haya dejado de leer como pasó con el recién mencionado sino
todo lo contrario, lo que sucede con este es que al encontrar tan profundos mensajes
aseguro que aún si alguna vez llego a leer todos sus capítulos no dejaría de meditar
en sus palabras.
Una de las razones por la que leo/leía los libros
de mi hermana es porque últimamente a mi familia no se nos hace tan fácil comprar
libros nuevos por lo que optamos por comprar usados o recurrir a la tecnología,
lo cual está muy presente en mis hábitos de lectura actual. Con esta nueva forma de acceder a la lectura volví
a leer más seguido y constante de modo que nunca antes había estado tan
involucrada con lo que es la literatura. Pero si me preguntan, elijo una y otra
vez leer sosteniendo un libro e ir pasando las páginas a leerlas por una
pantalla.



Lo que leímos, el momento y el lugar en que lo hicimos, el recuerdo de esa lectura, dibuja también la propia historia. Cuando los libros están con nosotros desde la infancia, cuando hemos armado un vínculo amoroso con ellos, sutil manera de reeditar el amor de quienes nos los acercaron, leer es entretenimiento y, además, una tarea fascinante, provocadora, apasionante y, muchas veces, reveladora de nosotros mismos. Paradójicamente, la distracción atrae hacia sí al que quiere alejarse yéndose a ese mundo imaginario, donde termina por encontrarse.
ResponderBorrarGracias por compartir.